El presidente de la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el embajador brasileño André Corrêa do Lago, lanzó este lunes 10 de marzo una “carta al mundo” sobre el evento que tendrá lugar en Belém en noviembre. La carta es una admisión de que la tarea de llegar a un plan de acción común entre casi 200 países para detener la extinción de la vida puede estar fuera de nuestro alcance. También es un intento de llamar la atención del planeta —hipnotizado por Donald Trump, el miedo a nuevas guerras y el ascenso de la extrema derecha— hacia el hecho de que un cambio en la organización socioeconómica es inevitable. En un tono acorde con la gravedad del momento, el embajador advierte que será “por elección o por catástrofe”.
El texto, de 12 páginas, lo presentaron Corrêa do Lago y Ana Toni, secretaria de Cambio Climático del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático y directora ejecutiva de la COP-30. El documento convoca a las personas y a las organizaciones a tomar la delantera de las acciones que los gobiernos no quieren o no logran hacer y a presionarlos para que actúen. El tono de la convocatoria a un “esfuerzo global”, como se denomina a esta movilización, está a medio camino entre un llamado a la razón y a la solidaridad y las metáforas militares. En este caso, el “enemigo común” que hay que vencer es, o debería ser, común a todo el planeta: el cambio climático provocado por los humanos, especialmente los más poderosos.
¿Pero es realmente el cambio climático el “enemigo común”? Al presentar al clima como el villano, la diplomacia de la COP-30 se omite en señalar los verdaderos responsables de la multicrisis que estamos viviendo: la minoría humana que lucra en las grandes corporaciones de fósiles y también de carne, soja, palma, minerales, pesticidas y ultraprocesados a costa de la destrucción de biomas como la Amazonia, una minoría de multimillonarios en su mayoría del Norte global. También se omiten en señalar las élites extractivistas locales asociadas a estas minorías y su masiva representación en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial de la mayoría de los países, con las instituciones del Estado cada vez más al servicio de estas fuerzas en lugar de al servicio del público. Es fácil nombrar al “clima” como el enemigo, porque así no hay que señalar las desigualdades de raza, género y clase que atraviesan el calentamiento global ni los modelos impuestos de “desarrollo” que lo determinan. No se menciona la palabra “capitalismo”. Las demás especies ni siquiera entran en la lista de preocupaciones. Si bien se trata de una carta en algunos aspectos más osada que lo usual, la gravedad del momento exigiría más coraje.

Se secó: en 2024 una de las peores sequías de la historia de la Amazonia brasileña convirtió el lecho del poderoso Río Solimões en camino. Foto: Michael Dantas/AFP
La carta evoca a la filósofa alemana Hannah Arendt y su diagnóstico de la “banalidad del mal” que permitió la instalación social del nazifascismo. “Ahora estamos enfrentando la ‘banalidad de la inacción’, una inacción irresponsable y también inaceptable”, compara. El texto propone una “alianza de los pueblos”, pide dejar atrás “la inercia, el individualismo y la irresponsabilidad” y cita a “los ricos de los países desarrollados y en desarrollo” que “se aíslan atrás de muros resilientes al clima” a medida que los efectos del aumento de la temperatura de la Tierra se vuelven más intensos y frecuentes.
A los presidentes de la COP se los llama “presidentes designados” hasta la propia conferencia, aunque en la práctica ya dirigen las negociaciones, que duran todo el año. Actúan como mediadores entre países, bloques de países y actores no gubernamentales y tienen el poder de definir prioridades y moldear las discusiones. Sin embargo, sus propuestas no dejan de reflejar los intereses de los países anfitriones, que indican el comando de los encuentros anuales.
Es una práctica usual que los presidentes de las COP publiquen cartas en las que describen su visión de lo que se debe alcanzar en las conferencias. Generalmente se difunden a mediados de año —cuando las posiciones de los países están más claras— y se dirigen a delegaciones oficiales y a los grupos de la sociedad ya involucrados en la Convención sobre el Clima. Los textos suelen ceñirse a la agenda de negociación de la conferencia, heredada de los encuentros anteriores. También pueden sugerir temas para la “agenda de acción”, que resulta en compromisos políticos que, a diferencia de las resoluciones aprobadas por consenso, no tienen valor de ley internacional.

Diplomacia en tiempos de colapso: Ana Toni y André Corrêa do Lago, la directora ejecutiva y el presidente de la COP-30, que se realizará en Belém. Foto: Rogério Cassimiro/Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático
Se reclutarán personas para el ‘movimiento de los movimientos’
La carta de la presidencia brasileña cambia de tono: se dedica principalmente a la “agenda de movilización”, tal como la definieron Corrêa do Lago y Ana Toni. Se dirige a toda la “comunidad internacional” y también a grupos específicos, como a los empresarios, pensadores, artistas, líderes locales y espirituales. Afirma que se reclutará a estas personas como “palancas” para impulsar el proceso en un “movimiento de movimientos” y que la dirección de la COP está comprometida a “servir como plataforma para la organización y movilización colectiva”.
“Estamos viendo muy claramente los límites de tratar el tema del cambio climático solo entre países, negociando un acuerdo internacional lleno de reglas extremadamente complejas”, dijo el embajador en una rueda de prensa. “No hay duda de que los gobiernos, las empresas y muchos otros actores están demostrando una reducción en su compromiso con esta agenda [del clima]. Así que hace falta un giro. Y este giro necesita a la sociedad civil”.
En lo concreto, la carta propone la formación de un Círculo de Presidencias de las nueve COP anteriores, desde 2015, cuando se firmó el Acuerdo de París contra el cambio climático, con la función de “canalizar la sabiduría colectiva”. Y también un Círculo de Liderazgo Indígena para aumentar la representación de los pueblos originarios y “garantizar que los conocimientos y la sabiduría tradicionales se integren a la inteligencia colectiva global”. Asimismo, Ana Toni destacó la realización de un Balance Ético Global antes de la COP de Belém, que liderarán el secretario general de la ONU, António Guterres, el Presidente Lula y la ministra Marina Silva, con el fin de escuchar a personas de todo el mundo “sobre compromisos y prácticas éticas para enfrentar el cambio climático”.

El levantamiento que inauguró la COP antes de la COP: a principios de 2025 Indígenas ocuparon la Secretaría de Educación del estado de Pará. Foto: Raimundo Paccó/Agencia Enquadrar/Folhapress
La carta también menciona la agenda de negociación de la COP-30, pero adelanta poco sobre nuevas propuestas. André Lago y Ana Toni alegaron que esto será más adelante, después de una etapa de consultas en foros internacionales. El embajador argumenta también que casi todo lo que había que negociar en el marco del Acuerdo de París ya se ha hecho y que ahora es el momento de implementar lo que se acordó. “Uno de nuestros grandes esfuerzos será encontrar soluciones que vayan más allá de la propia COP, porque necesitamos que la estructura, tanto de las Naciones Unidas, como también de las demás grandes instituciones internacionales, contribuya a implementar el Acuerdo de París y la Convención sobre el Clima”.
Las omisiones de la carta, sin embargo, dejan en el aire importantes dudas sobre la ambición de Brasil en las negociaciones. Una de ellas se refiere a la necesidad de un cronograma para la eliminación progresiva del uso de petróleo, gas natural y carbón, los combustibles fósiles cuya quema es la principal responsable del calentamiento del planeta. En la COP-28, hace dos años, los países se comprometieron a hacer esta transición “de manera justa, ordenada y equitativa”, pero el tema no progresó en la agenda de la conferencia del año pasado. Sin un cronograma, las petroleras están abandonando sus planes de invertir en nuevas fuentes de energía y los países productores compiten para ver quién producirá “hasta la última gota”—entre ellos Brasil, que tiene al presidente Lula da Silva redoblando la presión para la apertura de un nuevo frente de explotación en el litoral de la Amazonia—.
Otro tema pendiente es el financiamiento de la transición ecológica en los países con menos recursos, una responsabilidad que los acuerdos climáticos atribuyen a las naciones materialmente ricas y contaminadoras históricas. El 7 de marzo, en una entrevista al periódico británico Financial Times, la ministra Marina Silva lamentó que el agravamiento de la tensión geopolítica y las guerras, incluida la comercial librada por Trump, tienden a drenar recursos de la acción climática. No se puede contar con Estados Unidos, que abandonó el Acuerdo de París, mientras la Unión Europea decidió priorizar el gasto en ejércitos y armas, lo que, además, implica un alto consumo de fósiles y metales extraídos de biomas amenazados. Se ha hecho más difícil cubrir la brecha de financiamiento que fue razón de frustración y revuelta en la COP de Bakú en 2024.
En Bakú, Brasil y Azerbaiyán recibieron el encargo de presentar en Belém una “hoja de ruta” para llenar ese vacío. En febrero, la diplomacia de los dos países envió un documento a los países de la Convención Climática pidiendo sugerencias y prioridades. La carta firmada por Corrêa do Lago no ofrece propuestas de medidas prácticas, como impuestos globales sobre la aviación o los combustibles fósiles. En negociaciones en la Organización Marítima Internacional, por ejemplo, Brasil se resiste a imponer impuestos a las emisiones de carbono de la navegación, alegando que se verán afectadas las exportaciones del país.
Mientras tanto, la carta dice que hay suficiente dinero en el mundo, pero faltan políticas públicas para orientar las inversiones, y reitera la posición de que a los bancos multilaterales —como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional— les hace falta reformarse para facilitar los flujos de dinero. En estos bancos, sin embargo, la mayoría de los votos provienen de europeos y estadounidenses.
En Europa y Estados Unidos, la extrema derecha gana terreno explotando el miedo de que la transición energética genere inflación y desempleo. El presidente y la directora ejecutiva de la COP-30 dijeron que hay “muchos ejemplos” de lo contrario y que hay que considerar “soluciones que ya se están produciendo”. Al mismo tiempo, Lago observó que los “grandes temas” de la conferencia “de cierta manera están dividiendo a Brasil”. Puede que esta sea la clave de la falta de sugerencias más concretas para la negociación.

Villanos del clima: refinerías de petróleo como esta, en Houston, están entre las principales responsables del calentamiento global. Foto: Brandon Bell/Getty Images vía AFP
Reportaje y texto: Claudia Antunes
Edición y flujo de trabajo editorial: Eliane Brum
Edición de fotografía: Lela Beltrão
Chequeo de informaciones: Plínio Lopes
Revisión ortográfica (portugués): Valquíria Della Pozza
Traducción al español: Julieta Sueldo Boedo
Traducción al inglés: Sarah J. Johnson
Montaje de página y finalización: Viviane Zandonadi
Editora jefa: Talita Bedinelli
Directora editorial: Eliane Brum