Ehuana Yaira Yanomami sufre. Los zapatos le aprietan, pero ¿cómo pisar la tierra asfixiada por hormigón sin zapatos? Ehuana padece. «¿Por qué los blancos no se miran a los ojos?». Ehuana percibe, pero no entiende. «¿Por qué estas personas duermen en la calle? ¿Qué comerán? ¿Por qué nadie se ocupa de ellas?». Ehuana entra en el apartamento y se asombra, ella, que vive en una casa colectiva con más de 150 personas, la mayoría mujeres: «¿Por qué ustedes viven encerrados en sus casas, como Armadillos en sus agujeros?».
Llega a Barcelona desde la Selva amazónica, desde la Tierra Indígena Yanomami, entre los estados de Amazonas y Roraima, en Brasil. La casa-Selva de donde solo salió —pocas veces— después de cumplir los 16. Para llegar a la capital catalana, tomó siete vuelos. Ehuana es una soñadora de mundos que encuentra extraña Barcelona, uno de los principales destinos turísticos de Europa. Es arriesgado descubrirnos a través de sus ojos, porque su asombro revela nuestra ridiculez.
A su lado está Ana Maria Machado, antropóloga, investigadora, traductora del yanomam, una de las seis lenguas del pueblo Yanomami. No es un encuentro episódico. Una no estaría ahí sin la otra. La historia de estas dos mujeres cuenta la posibilidad de un encuentro entre mundos. Un encuentro no violento, un encuentro solidario, un encuentro amoroso. Una traduce la otra a su respectivo mundo, lleva a la otra de la mano hacia lo desconocido para una, lo conocido para la otra. Es deslumbrante verlas juntas, en esta relación impenetrable para cualquier otro.
Están allí para el primer discurso público de una mujer Yanomami en Europa. En Brasil, Ehuana solo hablaría en público por primera vez cinco meses después. El otoño europeo se acerca a su fin y el frío molesta a Ehuana, el frío del tiempo, el frío de la gente. A Ehuana le horrorizan nuestras costumbres, pero también se ríe mucho de nosotros. Somos a la vez una civilización de triste figura, pero también muy divertida, según ella. Comparte sus observaciones con Ana Maria en yanomam, y ambas se parten de risa. Ehuana se ríe como en nuestro mundo solo los niños (todavía) son capaces de hacerlo.

Ehuana Yaira y Ana Maria Machado en Barcelona, donde participaron en una serie de charlas y entrevistas en noviembre de 2024. Foto: Ilana Katz
Las dos mujeres están allí para la primera entrevista pública del ciclo «La Selva es mujer«, que ideé durante una residencia de tres meses en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, una de las instituciones más potentes de Europa, liderada mayoritariamente por mujeres, y que contó también con el apoyo de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). SUMAÚMA publicará las cuatro entrevistas del ciclo a partir de esta semana.
Todas empiezan con una intervención de la entrevistada-protagonista en su propia lengua. Esta intervención no se traduce: es una advertencia de que el público necesita arriesgarse a un mundo que no comprende, que no entenderá por completo ni con la mejor traducción de palabras, y, desde ese no saber, tiene que hacer el esfuerzo de moverse en dirección a otra experiencia de habitar la casa-planeta que compartimos. O, más bien, que pueblos como el suyo protegen y una minoría no Indígena destruye ante la omisión de la mayoría.
«Awei, kami yanomae ya. Kami yamakɨ urihi pë hamë yamakɨ totihi tha taimi yaro, kaho wamakɨha ya hwaɨ pihio. Kami yamakɨ urihipë hamë, yamakɨ urihipë wãrioma yaro, napë wamakɨnɨ, wamakɨeã hĩrĩ: Yamakɨ iruhupë nomaɨ mahirayoma yaro, ya yai hixio. 570 yamakɨ ihirupë maa hewëprarioma yaro, kaho wamakɨ mohoti mahi yaro, napë wamakɨnɨ oro wamapë toaɨ pihi totihi yaro, wamarekɨ yai wãriarema!»
Aún no sé qué dijo Ehuana aquella noche ante un auditorio de 334 personas. Solo Ana Maria fue capaz de entenderlo. Lo que se dijo quedó guardado en ellas, entre ellas. Pero, entre el público, algunas personas lloraron, porque todo el cuerpo de Ehuana decía mucho más que palabras.
En esta entrevista, Ehuana hace antropología de su propio pueblo. Y también de los no Indígenas, al observar el objeto que somos nosotros, los devoradores de mercancías.

Ehuana, entre Eliane Brum (izquierda) y Ana Maria Machado, en la inauguración del ciclo de conferencias «La Selva es mujer», en el CCCB de Barcelona. Foto: Robert Ramos/CCCB
ELIANE BRUM – ¿Cómo se conocieron y qué significan la una para la otra? ¿Cómo definirían esta relación?
EHUANA YAIRA YANOMAMI – Awei. Ana Maria y yo nos hicimos amigas hace mucho tiempo. Mi padre, que es chamán, y el suyo pensaron en hacernos al mismo tiempo, así que tenemos la misma edad. Ella vivía muy lejos, pero llegó a nuestra tierra. Entonces se me ocurrió hacer un libro sobre la menstruación y la llamé. Hablamos mucho y empezamos a investigar. También hicimos juntas un estudio sobre el chamanismo. Nos ayudamos mucho, nos enviamos pensamiento con fuerza. Hoy lo hacemos así. Cuando voy a otras tierras, ella me ayuda, sabe hablar muchas de las lenguas de los napë y también sabe yanomam, y también puede hablar la lengua de ustedes, que son otros napë. Nos damos los brazos con firmeza. Cuando voy a otras tierras, ella me guía, porque los caminos de ustedes, los napë, son confusos. Ella me enseña. Y cuando viene a mi casa, yo también le enseño. También le doy mi lengua yanomam. Así es como lo hacemos, porque ambas queremos luchar.
ANA MARIA MACHADO – Yo también me emociono, porque es algo que nunca imaginé que sucedería en mi vida, que una de mis mejores amigas viviera en una aldea, en una casa colectiva en medio de la Amazonia. Y, aunque hablemos lenguas diferentes, lo que hemos construido es único y profundo… Sin duda Ehuana es una de las mejores amigas que tengo en mi vida.
Hace unos meses celebramos el Encuentro de Mujeres Yanomami, que organizamos Ehuana y yo, junto con Hutukara Asociación Yanomami y el Instituto Socioambiental. Es un encuentro muy grande, con 80 mujeres. Y pasamos seis días traduciendo y trabajando juntas. Y Ehuana habla, y yo hablo. Y fueron días superagotadores. Por la noche, ella sabía que yo estaba triste, preocupada por mis hijos. Y me dijo: «Vamos, caminaré contigo por la Selva de noche. Vamos hasta donde hay internet, para que puedas enviar un mensaje a tus hijos».
Así que no hace mucho estábamos caminando por la Selva de noche, y yo me imaginaba viendo toda aquella inmensidad desde arriba, la Selva llena de vida, los ruidos de los animales, la oscuridad. Pero no tenía miedo, porque estábamos juntas. Y, poco tiempo después, estamos juntas también caminando por la noche, pero la situación ha cambiado. Ehuana sufre, porque le resulta difícil llevar zapatos y porque hace mucho frío. El frío le corta la cara, no hay escapatoria. Hay muchas cosas, muchas luces, mucha información, pero juntas nos damos la mano y seguimos adelante, porque la vida es mucha cosa.
Ehuana, tu pueblo acaba de sufrir una gran invasión de mineros. Otra. ¿Cómo ha afectado la minería ilegal a las mujeres Yanomami, tanto las adultas como las niñas?
EHUANA – Voy a contarles lo que sucede en nuestra tierra. Entre 2018 y 2022, nuestra tierra fue invadida por miles de mineros. Muchos de nuestros hijos murieron y nosotras, las madres, hemos sufrido mucho. Cuando llegan los mineros, nos hacen sufrir. Alejan la caza de nuestro hogar, ensucian nuestros ríos, nos hacen pasar hambre, propagan la malaria, la diarrea, las lombrices, todo tipo de enfermedades. Y por eso he venido aquí, para hablar de ello. Ustedes, los blancos, nos hicieron morir, nos hicieron sufrir. Y nosotras, las mujeres, estamos muy enojadas. Es también por eso que nos reunimos. Estamos muy preocupadas, porque si en el futuro hay otro presidente como [Jair] Bolsonaro, ¿cómo nos afectará? Vivimos muy lejos, en la Selva, pero ustedes, los napë, vienen y nos matan de hambre. Y por eso estoy muy enojada. Y por eso estoy aquí luchando. Las mujeres nos reunimos para hablar de salud, de cómo proteger nuestra Selva. No queremos ni aceptaremos el regreso de los mineros. Porque cuando llegan los mineros, a esas hijas nuestras que aún son muy jóvenes, los mineros llegan y les comen la vagina, violan a esas niñas. Por eso siento mucha rabia. También reclutan a nuestros jóvenes, hacen que nuestros jóvenes trabajen para ellos. No lo aceptaremos. Nosotras, las mujeres, que hemos parido a nuestros hijos, no vamos a aceptarlo y vamos a seguir luchando.

Ehuana en el 14.º Encuentro de Mujeres Yanomami (2023), en la comunidad Monopii; y con Ana Maria en el 15.º Encuentro de Mujeres Yanomami (2024), en la comunidad de Watorikɨ. Fotos: archivo personal
En el primer reportaje de SUMAÚMA, la plataforma de periodismo que creamos en la Amazonia, ustedes, Ana y Ehuana, fueron las intérpretes. Y, en ese momento, una de las mujeres Yanomami preguntó por qué los mineros comen las vaginas de las mujeres Yanomami. Ehuana, ¿puedes hablar un poco de la violencia sexual que también has escuchado como traductora e intérprete?
EHUANA – En nuestra tierra, cuando llegan los mineros, siempre hacen que los jóvenes se acerquen al lugar donde trabajan. Llaman a las chicas más jovencitas que viven cerca del campamento. Así es como actúan. Primero llega un hombre y viola a una chica. Y luego viene otro, otro, otro y viola a la misma chica. Y eso me da mucha rabia. Vimos a una chica a la que todos le comieron la vagina hasta que casi se desmayó, la entregaron desmayada a su comunidad. Casi murió. No queremos eso, no queremos eso de ninguna de las maneras. No queremos que coman la vagina de nuestras hijas.
ANA MARIA – Solo añadiré un dato: entre 2018 y 2022, la tierra Yanomami, que tiene una población de unas 31.000 personas, fue invadida por más de 20.000 mineros. Y en su mayoría son hombres que pasan largas temporadas viviendo en la tierra Yanomami, trabajando ilegalmente. Y también por eso tienen mucho dinero, mucha bebida, y van detrás de las chicas, a veces muy jóvenes, y las violan a cambio de arroz, a cambio de un pollo o cualquier otra cosa. Y hoy hay muchas chicas que han acabado embarazadas de estos mineros, lo que deja a las mujeres muy enojadas.
Ehuana, los napë, que es como los Yanomami llaman a los blancos y también a los enemigos, miran la Selva y ven mercancías: oro, casiterita, madera. ¿Cómo se relacionan ustedes, los Yanomami, con la Selva?
EHUANA – Los Yanomami no nos relacionamos con mercancías, con oro, casiterita, madera. Los Yanomami nos relacionamos con la Selva. Somos más de 30.000 personas y vivimos en la Amazonia. Pero ustedes llegan a la Selva donde vivimos y creen que existe sin razón. Pero no es así. Los Yanomami ya vivimos allí. Es nuestra casa. Es también la casa de los xapiri [espíritus auxiliares, pequeños seres de luz, que ayudan a los chamanes]. Y es donde viven también los animales, los árboles. Pero ustedes llegan y lo estropean todo. «¡Aquí hay oro! ¡Vamos a llevarnos esa madera!». Solo piensan en eso. Los Yanomami no pensamos así. Los Yanomami defendemos la Selva. Porque allí está Urihinari, que es el espíritu de la Selva. También está Arokohiriwë, que es el espíritu del árbol Curbaril. Maamariwë, el espíritu de las piedras, Yariporari, el ser de las tormentas. Por eso, porque existen todos estos seres, la Selva huele bien, es fresca. Y por eso la cuidamos. Estamos ahí y la protegemos. Si estropeamos la Selva, ¿qué nos pasará? Todo se transformará. No piensen que la Selva existe sin razón. Si ustedes destruyen la Selva, todos sufriremos. Si destruimos la Selva, los xapiri se vengarán, ellos no mueren. Aunque el padre del xapiri [el chamán] muera, aunque su padre se haya ido, su espectro es vengativo. Cuando se reúnan, sus espectros se vengarán y los matarán a ustedes, los napë. Eso es lo que dicen los chamanes, es lo que explican. Y yo lo guardo en los oídos.
Tu hermana fue la primera chamana de tu comunidad, ¿verdad? ¿Cómo se convirtió en chamana?
EHUANA – Nosotros tenemos muchos chamanes hombres. Mi difunto padre era un gran chamán. Yo no soy chamana, pero sueño mucho, sé soñar bien. Pero mi hermana se hizo chamana. Y para una mujer eso es muy difícil. Pero, en determinado momento, se puso enferma. Nos preocupamos mucho. Nos preguntábamos qué tendría, qué enfermedad, si se moriría. Un día, empezó a correr por la Selva. Y, poco a poco, entendimos que eran los espíritus xapiri que antes vivían en el pecho de mi padre y ahora volvían para convertir a mi hermana en chamana. Y que mi hermana tendría que convertirse en chamana para no morir. Y fue así como se convirtió en chamana, la primera de nuestra comunidad. Yo no me convertí en chamana, pero también soy una líder en mi comunidad. Ella lucha en el mundo de los chamanes y yo lucho en el mundo de los napë.
Ehuana, la Selva acoge a los niños que nacen. Y tú pariste a tres de tus cuatro hijos en la Selva. ¿Puedes contarnos cómo es un parto en la Selva? ¿Y por qué se necesita la Selva para el parto?
EHUANA – Nosotras hacemos que nuestros hijos nazcan en la Selva. La forma en que nacen nuestros hijos, la forma en que parimos, es diferente de la forma en que lo hacen ustedes, los blancos. Nosotras lo hacemos como lo hacían nuestros ancestros. La primera vez, en nuestro primer parto, siempre tenemos ayuda. Varias personas nos acompañan, a veces diez, la madre, las hermanas, las cuñadas. Los hombres nunca pueden participar, nunca pueden ver el parto. En mi primer parto, el de mi primer hijo, mi madre y mi hermana me ayudaron. Pero en el segundo, me adentré en la Selva yo sola. Mi hija nació allí, cuando yo estaba de cuclillas. Corté el cordón umbilical yo sola. Agarré la placenta y la puse en una rama alta de un árbol, donde había un nido de hormigas Tocanteras [que son unas de las hormigas más venenosas de la Amazonia]. Ponemos allí la placenta para que el niño sea valiente cuando crezca.
Así lo hacemos las Yanomami. No sabemos tener hijos en la ciudad. No sabemos tener hijos tumbadas. Necesitamos el apoyo de un árbol para parir. Y por eso luchamos, porque muchas mujeres sufren cuando van a los hospitales de la ciudad, cuando tienen que parir allí. No aceptamos que nos metan la mano [en la vagina para sacar al bebé], eso es lo que decimos ahora que estamos en esta lucha [contra la violencia obstétrica].

Ana Maria con su hijo Lino y Ehuana con su hija Delmira. La maternidad siempre ha sido un puente entre los mundos tan diferentes de estas dos mujeres. Foto: Helder Perri/archivo personal
Ehuana, ¿tu cuarta hija nació en la ciudad, en la Casa de Apoyo a la Salud Indígena de Boa Vista? ¿Cómo fue esa experiencia?
EHUANA – Yo acompañaba a mi hija, que estaba recibiendo un tratamiento, y entonces me puse de parto. Pero como tenía mucho miedo de los napë, me fui a un lugar donde había un poco de vegetación y allí tuve a mi hija sola. Así lo hacemos nosotras. Criamos a nuestros hijos e hijas junto al fuego. Y así nos aseguramos de que crezcan sanos.
Ehuana, me gustaría que nos contaras qué es un napë…
EHUANA – Yo no conocía a los napë cuando era pequeña y todavía no había abierto mi pensamiento. «¿Acaso solo existimos nosotros, los Yanomami?», pensaba. Entonces, cuando abrí mi pensamiento, vi a muchos de ustedes, los napë. Cuando llegaron a mi tierra, otros napë con pelos en la cara, con grandes barbas, me hicieron sufrir. Los napë tienen pelos en la cara, y eso me daba mucho miedo. Entonces crecí. Cuando mi pensamiento era aún pequeño, no los había visto y no creía que ustedes fueran tantos.
Pero crecí y, cuando cumplí 15 años, tuve mi primer hijo y me invadió una gran tristeza. En aquella época, mi tío, el líder Davi Kopenawa, junto con la fotógrafa Claudia Andujar, el antropólogo Bruce Albert y el misionero Carlo Zacquini, lucharon y consiguieron la demarcación de nuestra tierra. Era 1992.
Después, nuestra tierra ya estaba demarcada, estábamos más protegidos, pero entonces llegó mi tío y trajo una televisión a la aldea porque quería mostrarnos los riesgos que corríamos. Mostró un vídeo en el que había otros Indígenas sufriendo, en el que violaban a una mujer Indígena, y lloré mucho viendo aquel vídeo, porque no sabía que eso existía.
Más tarde, cuando nació mi hijo, Davi Kopenawa explicó, en medio de nuestra gran casa colectiva, donde todos escuchan lo que se dice: «Mi gente, seamos inteligentes, nos están pasando cosas muy malas, los blancos hacen cosas muy malas». En aquel momento, sentí un profundo dolor, sufrí mucho, no podía dormir. Tenía a mi hijo muy pequeño en el regazo y pensaba: «¿Cómo voy a hacerlo, cómo voy a alimentar a mi hijo, dónde vamos a vivir?». Y por eso, por esa gran preocupación y tristeza, pensé en luchar. Pasé la noche sola, pensando en todo aquello, sufriendo, y por eso estoy aquí hoy luchando.

El antropólogo Bruce Albert, el líder Yanomami Davi Kopenawa, la fotógrafa Claudia Andujar, Ana Maria y Ehuana en la inauguración de la exposición «La lucha Yanomami» en 2023 en Nueva York. Foto: archivo personal
Ehuana, no fue fácil para ti convertirte en líder siendo mujer, no fue fácil ser la primera mujer en hablar en ese lugar donde solo hablaban hombres. ¿Cómo fue la primera vez, cómo encontraste el valor para hablar, para ser una mujer que hablaba por primera vez en un lugar donde solo hablaban hombres?
EHUANA – En 2011 tenía menos de 30 años y me hice profesora. Empecé a pensar en ello, en la necesidad de hablar. Otro profesor de nuestra aldea me dijo que tenía que ir al centro de la casa colectiva y transmitir un mensaje a los alumnos.
ANA MARIA – Un paréntesis mío: eso es un arte verbal llamado hereamu, que hacen sobre todo los hombres, y es una forma de transmitir mensajes o hacer discursos moralizantes a los jóvenes. Un hombre va hasta el centro de la casa y todos los que están tumbados en sus hamacas escuchan lo que dice.
EHUANA – Yo me dirigí al centro de la casa. Pero tenía mucha vergüenza, mucho miedo. Fui hasta el centro de la casa, pero no me atreví. Me puse de cuclillas e hice pipí, porque ahí es donde hacemos pipí por la noche. Luego volví a mi hamaca y me tumbé. Al día siguiente, volví a intentar pronunciar el discurso hereamu, pero, de nuevo, no tuve valor. Pero al tercer día lo conseguí.
Fui hasta el centro y dije lo que tenía que decir. Más tarde, cuando se celebró un encuentro para conmemorar el 25.º aniversario de la demarcación del territorio Yanomami, me llamaron y pronuncié un breve discurso en una reunión, pero fue corto. Con el tiempo, mi rabia creció y también mis palabras. Y hoy consigo hablar.
Cuando era pequeña, cuando era niña, las mujeres no hablaban. Yo abrí ese camino. Fátima, que es la mujer del gran líder Davi Kopenawa, es ahora responsable de la atención sanitaria, de cuidar. Yo le allané el camino. Hoy hace discursos hereamu. Hoy va hasta el centro de la casa y habla. Antes solo hablaba yo, pero ahora, en nuestra comunidad, hay siete mujeres que hablan. Hablan, luchan dentro de la comunidad. No viajan lejos como yo. No tienen documento de identidad, no pueden ir a tierras distantes. Como mi cuñada [Ana Maria Machado] y yo nos dimos la mano, sacamos mis documentos y así puedo viajar. Voy a tierras lejanas y llevo las palabras que dicen esas otras mujeres. Llevo sus palabras en la boca. Y así fue como abrimos nuestro pensamiento. Nosotras, las mujeres, estamos siempre luchando por nuestra tierra.
Ehuana, me gustaría saber qué piensas de nosotros, los blancos. ¿Qué te llamó la atención cuando conociste nuestro mundo, nuestra forma de vivir?
EHUANA – Yo no sabía cómo era. La ciudad es horrible, el aire es horrible. ¿Por qué, a pesar de ser tanta gente, viven todos encerrados? ¿Por qué no se miran unos a otros? Ustedes son como Armadillos, que viven en un agujero, encerrados. Y eso me entristece.
Los Yanomami siempre estamos cerca unos de otros. Vivimos juntos, nadie vive solo. Y me pongo triste cuando llego a las ciudades. Otra cosa que me entristece mucho cuando vengo a su tierra es que me pregunto por qué hay gente tirada en la calle. ¿Cómo dormirá esa persona? Hay ancianos, niños, jóvenes. Es muy feo, es muy triste. ¿Dónde comerán? ¿Dónde beberán agua?
Eso es lo que pienso de ustedes. Porque nosotros no somos así. Nos cuidamos, sabemos cuidar bien unos de otros. Tenemos familias, vivimos en una gran casa colectiva, quizás ya hayan visto una imagen. Y allí vivimos uno al lado del otro y nos miramos a los ojos. También vemos el sufrimiento en los ojos de los demás cuando sufren. Y, así, cuando uno tiene hambre, le damos comida. Cuando tenemos sed, vamos y bebemos agua, sin tener que comprarla. Pero ustedes, los blancos, sufren. Hacen a sus hijos, tienen hijos, pero, cuando crecen, algunos viven en la calle. ¿Por qué? Yo sufro cuando veo personas viviendo en la calle. En Nueva York, vi a una señora durmiendo en invierno, hacía mucho frío, y pensé: «¿No tiene un hijo? ¿No tiene una hija? ¿No tiene nietos? ¿No tiene familia? ¿No tiene casa?». Todo esto de su mundo me entristece.

La casa colectiva de la aldea Watorikɨ, donde viven Ehuana y Davi Kopenawa, alberga a más de 150 personas. Foto: Pablo Alvarenga/SUMAÚMA
Ahora vamos a abrir el turno de preguntas, pero, antes de que le pregunten, Ehuana quiere preguntarles a ustedes.
EHUANA – Es la primera vez que hago una pregunta. Y quiero preguntarles: ¿por qué, de hecho, los no Indígenas quieren oro? ¿Por qué van tan lejos a destruir nuestra tierra para conseguirlo? ¿Por qué destruyen la tierra, destruyen los árboles de nuestra tierra? Eso es lo que los Yanomami queremos saber de ustedes.
¿A quién le gustaría responder?
Público – En primer lugar, mis respetos a Ehuana y a la comunidad Yanomami. Gracias por venir hasta aquí, aunque sea para decir verdades. ¿Cómo responder a esta pregunta? Creo que es porque nuestra sociedad tiene cosas tan estúpidas, como valorar cosas que alguien ha decidido que tienen valor solo porque son escasas en la Naturaleza. Pero la verdad es que deberíamos aprender de ustedes y valorar otras cosas.
Público – Muchas gracias por tu presencia, por tantas palabras profundas e importantes. Mi pregunta es: ¿de dónde viene la resiliencia del pueblo Yanomami para preservar su cultura durante tanto tiempo, a pesar de tantas invasiones?
EHUANA – Nosotros queremos seguir viviendo en nuestra tierra tal y como es. Queremos seguir viviendo fuertes y sanos. Por eso la defendemos. Y también tenemos a los xapiri. Es también gracias a ellos que seguimos luchando. Queremos seguir manteniendo fuerte nuestra cultura y viva la Selva.
Público – Me llamo Ana Maria. Soy amazonense, como tú. Soy de Pará. Y vi dos procesos de explotación minera que fueron asoladores. El primero fue en Serra Pelada, en Pará, que es una zona que ha quedado extremadamente devastada. Y luego, de adulta, fui a Rondonia, que también está en la Amazonia, y vi el proceso de empobrecimiento de las poblaciones de la Selva, Indígenas y no Indígenas, con la cuestión de la minería en el Río Madeira. ¿Y por qué explico todo esto? Para señalar que este asunto de la minería en la Amazonia brasileña lleva más de un siglo, y que las poblaciones Indígenas…
Perdona por interrumpirte, ¿cuál es la pregunta?
Público – Ya voy a hacer la pregunta. Mi pregunta es: ¿qué espera Ehuana de este contacto que está haciendo aquí, en Barcelona? ¿Cuál es su expectativa, cómo esta pequeña audiencia aquí puede convertirse en una cadena de apoyo, para ayudar, de alguna manera, no sé cómo, a la lucha de los Yanomami, allí, de donde ella vino, para que el cielo no se derrumbe?
EHUANA – He venido a la tierra de ustedes, pueblo de Barcelona. Ustedes han escuchado mis palabras. Si quieren apoyarnos, pueden apoyar a Hutukara Asociación Yanomami, eso nos hará muy felices. La asociación se preocupa por nosotros. También queremos que se acerquen a nuestro pueblo. Que piensen en nosotros, que piensen que estamos sufriendo. Intentamos con todas nuestras fuerzas, hacemos muchos esfuerzos por no morir, por no debilitarnos.
Así que he venido hasta aquí, hasta la tierra de ustedes. Ustedes me llamaron, me invitaron. Me han mirado a los ojos, me han escuchado. Y ahora quiero que sigan pensando en mi pueblo, que se unan a nuestra lucha. Y si todos ustedes se unen y nos ayudan a defendernos y apoyan la asociación, estaremos contentos con ustedes, los no Indígenas.
Solo tenemos tiempo para una última pregunta, que tiene que ser directa y rápida.
Público – Buenas noches. En algunos momentos, Ehuana, hablas de rabia, de la enorme rabia que sienten. ¿Cuál es el secreto para que esta rabia no se apague, sino que sirva para alimentar cosas buenas?
EHUANA – Cuando muere gente de nuestro pueblo, los Yanomami sentimos rabia. Nuestro pensamiento irá en una buena dirección si nuestra Selva vuelve a estar bien, si volvemos a estar tranquilos, si los napë paran. Así termina nuestra tristeza, cesa nuestra rabia. Sentimos rabia porque los napë hacen estas cosas con nuestra tierra, siempre intentan destruir la Selva en la que vivimos, siempre intentan acabar con nosotros. Y por eso nuestro sentimiento está lleno de rabia. Si dejan de destruir nuestra tierra, se acabará nuestra rabia. Si ustedes paran de matarnos, mi rabia también acabará.

Ehuana y Ana Maria en las Islas Canarias en el 2.º Congreso Internacional de Cuidados, en noviembre de 2024. Foto: Mónica Fernandez
*Nota de la traductora/intérprete: la entrevista es, en su mayor parte, una transcripción de la interpretación realizada en tiempo real durante el evento, no es una traducción del yanomam al portugués.
Reportaje y texto: Eliane Brum
Edición de arte: Cacao Sousa
Edición de fotografía: : Lela Beltrão
Chequeo de informaciones: Plínio Lopes
Revisión ortográfica (portugués): Valquíria Della Pozza
Traducción al español: Meritxell Almarza
Traducción al inglés: Diane Whitty
Montaje de página y finalización: Natália Chagas
Flujo de trabajo editorial: Viviane Zandonadi
Editora jefa: Talita Bedinelli
Directora editorial: Eliane Brum