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Morzaniel Ɨramari, cineasta Yanomami. Foto: Guilherme Gnipper

«Cuando soñamos, ¿qué vemos en el sueño?», pregunta el chamán Davi Kopenawa, el principal líder Yanomami, en Mãri hi: El árbol de los sueños. En la nueva película de Morzaniel Ɨramari, el primer cineasta Yanomami, Kopenawa revela cómo la selva, a través de los sueños, se comunica con los chamanes, la «gente espíritu», y les avisa cuando se acercan los peligros.

Nacido en 1980 en la aldea Watorikɨ, región de Demini, donde también vive Kopenawa, Morzaniel vivió de niño la primera invasión de garimpeiros (mineros ilegales) de su territorio. Fue testigo de la lucha de Kopenawa, junto a la fotógrafa Claudia Andujar, por denunciar el genocidio que se llevó a cabo en el territorio antes de que se demarcara, en 1992. Creció en el período en que el territorio se recuperaba: estudió en la escuela de la aldea, tuvo acceso a una atención médica adecuada y se convirtió en agente de salud indígena, se benefició de proyectos gubernamentales que le enseñaron a filmar y vio como su pueblo se fortalecía. De hecho, fue eso lo que relató en su primera producción, el cortometraje Casa de los espíritus, ganador del premio del jurado popular a la mejor película en la Muestra de Cine Indígena Aldeia SP, en 2014.

Al filmar a los indígenas sin «pactar» las escenas, «como hacen los no indígenas», Morzaniel produce una etnografía pura de cómo vive su pueblo, despojada de la mirada extranjera, narradora de la historia hasta ahora. El respeto por el ritmo de los rituales chamánicos aparece en su primer largometraje, Urihi Haromatimapë: Sanadores de la tierra-selva (2014), que obtuvo el premio a la mejor película en la muestra competitiva del festival Forumdoc.bh.

Retrato del director Morzaniel Iramari. Foto: Marília Senlle

Desde la perspectiva de Morzaniel, también podemos ver la degradación del territorio Yanomami en la última década. Si en 2010 él estudiaba, sus hijos ya no pudieron ir a la escuela, que dejó de existir. Las muertes se dispararon con la llegada de las enfermedades de los garimpeiros a un territorio con un sistema de salud ya destrozado. Hoy, la selva llora a los chamanes porque está destruida, cuenta el cineasta en esta entrevista a SUMAÚMA.

«Los chamanes dicen que la tierra está mala. Hasta el cielo está malo». Morzaniel lo presenció personalmente cuando actuó como intérprete de los equipos del censo del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) que recorrieron el territorio Yanomami el año pasado y este año. Visitó aldeas más lejanas, totalmente impactadas por la minería ilegal. Vio a su pueblo enfermo, alcoholizado por la cachaza de los invasores, pidiendo socorro a un sistema de salud que los había abandonado. Una realidad distante de Demini, donde no hay mucho oro bajo tierra, lo que desanima a los garimpeiros. Mãri hi es, pues, también una película-denuncia. Un llamamiento para que los Yanomami puedan «vivir en paz, con alegría y celebrando sus fiestas».

El cortometraje, que había sido seleccionado para el festival Es Todo Verdad de este año, ha ganado el premio al mejor cortometraje documental brasileño, con lo que automáticamente puede presentarse a la categoría de mejor documental de los Oscar. En la premiación paralela, ha recibido el premio Mistika al mejor cortometraje documental brasileño. Hasta el 25 de abril, Mãri hi puede verse en la plataforma Itaú Cultural Play. El corto forma parte del proyecto La caída del cielo, de Eryk Rocha y Gabriela Carneiro da Cunha, producido por Aruac Filmes y basado en el libro homónimo de Davi Kopenawa y el antropólogo francés Bruce Albert. La iniciativa realizó varias acciones para fortalecer el audiovisual Yanomami y produjo, además de Mãri hi, otras dos películas: Yuri u xëatima thë: La pesca con timbó y Thuë pihi kuuwi: Una mujer pensando, ambas dirigidas por Aida Harika, Roseane Yariana y Edmar Tokorino, las primeras mujeres cineastas del grupo étnico. Los tres cortometrajes participaron en la exposición The Yanomami Struggle (La lucha Yanomami), dedicada a la colaboración entre Claudia Andujar y el pueblo Yanomami, en el museo The Shed de Nueva York, que estuvo expuesta hasta el pasado día 16.

SUMAÚMA: ¿Qué papel desempeñan los sueños para los Yanomami?

Morzaniel: El chamán sueña con varias cosas: el espíritu del río, de la montaña, de la lluvia, de la luna, del cielo, de la selva, de animales como el jaguar. Los espíritus transmiten mensajes. El río avisa: ahora mismo estoy enfermo, no estoy bien, ten cuidado al beber el agua, enfermarás. La selva lo dice todo: «ten cuidado, que la selva se va a acabar. La selva está enferma, el clima está muy mal, llegará una enfermedad muy fuerte». Envían los mensajes así.

Imagen de divulgación de la película ‘Mãri hi: El árbol de los sueños’

¿Qué ha dicho la selva estos últimos años?

Los chamanes dicen que la selva era alegría. Producía mucha fruta, tenía mucha caza. Cuando llegó la minería, la selva enfermó. Los chamanes dicen que la selva llora porque está destruida. Dicen que la tierra está mala. Hasta el cielo está malo.

En el pasado, los Yanomami festejaban felices, entusiasmados, porque tenían mucha fruta, no tenían enfermedades, no tenían malaria. Hoy dicen que la selva está triste.

Usted hizo de intérprete para los equipos del censo del IBGE. Circuló por muchas zonas del territorio. ¿Qué vio?

El año pasado, en agosto, empecé a ayudar al personal del IBGE. Me invitaron y fui a la región de Palimiu, donde se produjeron los tiroteos contra los Yanomami [por parte de los mineros, en 2021]. La tierra estaba llena de agujeros. Todos los niños estaban enfermos. Ya no había cultivos porque las minas estaban cerca. Los indígenas sufrían.

No había medicinas por culpa de la minería. Había muchos casos de malaria por semana. Me entristeció mucho ver como los jóvenes se metían en la minería en esa región. No podía esconderme porque los garimpeiros estaban cerca, al lado. Y empecé a caminar por el campamento minero. Encontraba a los jóvenes [indígenas] trabajando. A las chicas, de 15, 20 años, lavando la ropa de los garimpeiros, deambulando por el campamento. Era muy triste. En Waicás casi lloré. Todas las mujeres en el barranco [los cráteres que se excavan] de los garimpeiros.

¿Trabajando para los garimpeiros?

Trabajando para los garimpeiros, pidiendo comida, bebiendo cachaza. En Araçá los garimpeiros les ofrecían mucha cachaza. Les tomaban las mujeres [de los Yanomami]. Todo el mundo estaba borracho, cayéndose, con su mujer, con su padre.

Los reportajes dicen que la salud de los Yanomami ha mejorado [tras la intervención del grupo de trabajo del gobierno de Lula este año]. Pero no. En marzo volví a ayudar al IBGE, esta vez en la región de Xitei. Llegué allí y todos los padres, las madres, los niños estaban llorando, pidiendo salud, pidiendo medicamentos. Todos los niños tenían lombrices. «¿Dónde está el equipo sanitario?», preguntaban.

Luego, el 13 de marzo, fui a la región del estado de Amazonas, también para el censo. Me encontré con la misma situación. Indígenas enfermos, necesitan medicinas, el equipo sanitario no aparece por allí. Conté dos ancianos muy enfermos en la comunidad de Yawarapi. Llegué allí, los ancianos pedían medicinas, pedían ayuda. Gritaban, con dolor de orina, dolor de barriga.

Después, el 15 de marzo, fui a la región de Kata Kata, Marari. Me encontré con la misma situación. En Kata Kata, diez niños murieron de malaria.

¿Vio garimpeiros allí todavía?

Sí. Todavía hay mineros. La Fuerza Nacional [del Sistema de Salud] ya ha visto que hay minas. Otros intérpretes Yanomami que me acompañaron en el censo también lo han constatado. Los garimpeiros siguen allí. En la región de Alto Catrimani siguen llegando en avionetas. Cuando pasamos en helicóptero vimos muchos barrancos [de las minas].

¿Crees que algún día se librarán de los garimpeiros?

No creo que dejen la tierra libre. Viví en la región del Alto Mucajaí. Allí los propios indígenas esconden a los garimpeiros.

Vi un vídeo que grabaron los Yanomami de garimpeiros trabajando de noche. De día esconden la maquinaria.


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Usted dice que los jóvenes trabajaban en las minas. Sus películas muestran el modo de vida tradicional Yanomami. ¿Los jóvenes de hoy se interesan por el chamanismo? ¿Por tomar yãkoana [una sustancia que inhalan los chamanes para llegar a los espíritus]?

En Palimiu, en Serra Alta, no creo que haya mucho interés. No hay ningún joven chamán que pueda continuar [la tradición]. No hay grandes chamanes, como en Demini. Hay otras tradiciones: danza, canto, pintura. Pero no toman yãkoana, no hacen chamanismo.

En Demini quieren seguir siendo chamanes. No quieren acabar con el chamanismo porque dicen que es muy importante para ayudar con las enfermedades, tiene este importante papel curativo.

Imagen de divulgación de la película ‘Mãri hi: El árbol de los sueños’

¿Qué papel pueden desempeñar los chamanes en la reconstrucción del territorio Yanomami?

Dicen que, cuando se elimine la minería, quieren mejorar mucho la selva. Dicen que van a espantar el humo, porque los garimpeiros hacían demasiado humo con su maquinaria. Sus espíritus [que asisten a los chamanes] quieren volver a limpiar la tierra. Para que la selva vuelva a estar viva. Hoy la selva está muerta.

Pero no pueden hacerlo porque los garimpeiros trabajan directamente con humo. Siguen ahí, traen malaria, diferentes enfermedades. No hay manera de hacerlo si los garimpeiros no se van.

Su película de 2010 muestra la escuela, donde había una computadora. Habla del puesto de salud, que tenía laboratorios para hacer las pruebas. Hoy Demini ya no tiene escuela ni laboratorio. Su nueva película muestra otra selva. ¿Han cambiado muchas cosas en su realidad en tan poco tiempo?

Antes había escuela. Funcionaba porque había un proyecto, Davi consiguió la escuela. Había laboratorios. La salud funcionaba bien. Los niños estudiaban, hasta yo estudiaba. Los propios indígenas enseñaban a sus hijos. Teníamos de todo. Todo funcionaba. No moríamos porque no había muchas enfermedades, no había mucha malaria.

Hoy en día ha cambiado mucho. Ya no hay escuela. No hay asistencia de salud de calidad. Es mala, mala… Ya no hay técnicos de laboratorio en la Tierra Yanomami, se lo han llevado todo a la ciudad. Por eso ha cambiado mucho. Hay mucha enfermedad.


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Junto con otros artistas Yanomami acaba de regresar de Nueva York, donde su película ha formado parte de una exposición de Claudia Andujar. Claudia desempeñó un papel clave para la demarcación a principios de los 90. El arte Yanomami ha conquistado el mundo. ¿Qué importancia tiene para su lucha?

Hoy la tierra Yanomami está siendo destruida. Los garimpeiros, los habitantes de Roraima, no respetan a los Yanomami. Yo quería proyectar mi película fuera de Brasil porque queremos mostrar nuestra lucha.

Ha sido muy importante participar en la exposición de Claudia Andujar para conseguir el apoyo de otras personas no indígenas. Ella nos ayudó a demarcar la tierra Yanomami y ahora estamos juntos mostrando nuestra imagen de los Yanomami. Para mostrar cómo vivimos, cómo vive nuestra cultura, para que conozcan la experiencia del pueblo Yanomami.

Davi explica: cuando mueran los Yanomami, cuando mueran los chamanes, morirá todo el mundo. Por eso es muy importante que los no indígenas de fuera de Brasil conozcan nuestra realidad. Cuando yo no había ni nacido, Claudia trabajó mucho. Ahora llegamos hasta donde consiguió llegar para defender al pueblo Yanomami. Y hoy son los propios Yanomami quienes lo hacen. Lo dibujamos, lo mostramos con las películas.

Usted es el primer cineasta Yanomami. ¿Es diferente cuando son los propios Yanomami los que cuentan la historia?

Si son los Yanomami quienes filman, están cerca de donde la persona va a caminar. Ve lo que va a hacer en la casa. Los no indígenas piden a los Yanomami que lo hagan. Yo no lo pedía. Yo contaba lo que hacía la gente. Filmaba lo que hacen los Yanomami en la maloca, cómo viven, qué comemos. Cómo vivimos.

Cómo vamos a hacer el trabajo, recoger la fruta, ese tipo de cosas. Hay que ir con ellos, levantarse temprano, ir por la noche. No se puede pactar. Así fue como empecé a hacer películas. Por eso es diferente.

¿El audiovisual puede ser una forma de reavivar el interés de los jóvenes Yanomami por la cultura Yanomami?

Hay muchos jóvenes interesados en utilizar el audiovisual para contar la historia a otros Yanomami que nacen y crecen. En Demini todo el mundo quiere salir en la película, llevar una cámara. Hay seis jóvenes que ya han hecho vídeos. En otras zonas también tienen interés. Por eso estoy buscando un proyecto para enseñar a los jóvenes, a que aprendan conmigo. Me interesa mucho enseñar.


Revisión ortográfica (portugués): Elvira Gago
Traducción al español: Meritxell Almarza
Traducción al inglés: Diane Whitty
Edición de fotografía: Marcelo Aguilar, Mariana Greif y Pablo Albarenga

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