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Los investigadores han contabilizado 139 delfines muertos en el lago Tefé, en el estado de Amazonas, e investigan las causas de la tragedia en un período de extrema sequía. Foto: André Coelho/Instituto Mamirauá

La sequía extrema que asola la Amazonia está dejando a los delfines rosados del lago Tefé desorientados. Con movimientos confusos, erráticos y agitados, no parecen saber hacia dónde huir. Muchos no pueden. En menos de veinte días, el número de muertos ha superado los 120. «Empezó el sábado 23 de septiembre, cuando recibimos la noticia de que se habían encontrado 18 delfines muertos. ¿Cómo? ¡Nunca había sucedido nada parecido! ¿Tantos en un día? No podíamos imaginarnos que, pocos días después, serían más de 70 en menos de 24 horas», cuenta la investigadora Miriam Marmontel, responsable del grupo de investigación sobre mamíferos acuáticos amazónicos del Instituto de Desarrollo Sostenible Mamirauá, organización que lleva más de veinte años trabajando en la investigación y conservación de la biodiversidad amazónica.

Miriam participa en un grupo de trabajo de emergencia que se ha creado con la colaboración de varios organismos para averiguar la causa de la inusual mortandad de delfines rosados y tucuxis (otro cetáceo de agua dulce) que se ha producido en la región lagunar del río Tefé, que baña la ciudad del mismo nombre, en el interior de Amazonas, cerca del punto en que desemboca en el Solimões. En una entrevista con SUMAÚMA el 2 de octubre, por videoconferencia, Miriam detalló la dramática situación de la región y explicó el intenso trabajo que se está llevando a cabo para identificar la causa de las muertes y crear estrategias para proteger a estas especies.

A causa de la sequía, en las últimas semanas el nivel del lago ha bajado y sus aguas han alcanzado temperaturas récord, que han pasado de 28 a 40 grados centígrados, convirtiéndose en lo que la investigadora describe como un «caldero de calor, agonía y desesperación». «Pero sospecho que hay algo más que justifica tantas muertes. Ya ha muerto más del 10% de la población de delfines rosados del lago. Nunca había ocurrido algo así», afirma la oceanógrafa.

La desesperación por lo que está ocurriendo con los mamíferos acuáticos también reverbera entre quienes llevan décadas dedicando su vida a estudiarlos. Visiblemente abatida, Miriam señaló algunas de las posibles explicaciones de la tragedia —como veneno, una biotoxina o incluso alguna enfermedad infecciosa— y la dificultad de transportar el material recogido a las grandes capitales para que se analice. «El río está seco y la navegación es difícil». Durante la hora que duró la conversación, se le quebró la voz varias veces por la emoción que afloraba al describir las horribles escenas que había presenciado los últimos días, mientras navegaba por el lago fangoso intentando encontrar algún hálito de vida entre tantos cadáveres. «Vemos tantas catástrofes por todo el mundo y pensamos que algún día llegarán a la Amazonia. Por desgracia, ese día ha llegado».

Unos niños observan como sacan los delfines hallados muertos en la región. Foto: Miguel Monteiro/Instituto Mamirauá

SUMAÚMA: Lleva más de cuatro décadas trabajando con mamíferos acuáticos. Solo en esta región, hace treinta años que estudia los delfines rosados. ¿La situación actual es capaz de impresionar a alguien que tiene tantos años de experiencia?

MIRIAM MARMONTEL: Sí, es algo inédito. Nunca había ocurrido nada parecido, en ningún sitio. Ni con otras especies. Nunca algo de esta magnitud. Estudiamos los delfines rosados desde 1993, generalmente en la zona del lago Tefé, centrándonos sobre todo en las interacciones con la pesca, que es el gran enemigo, el gran vector de mortalidad de los animales. Pero ahora puede que tengamos un nuevo enemigo. Estamos sufriendo los efectos del cambio climático, provocado en gran medida por el hombre. Este año tenemos un El Niño excepcional, con temperaturas récord en toda la Amazonia, en todo el mundo, y esto ha afectado claramente a los animales de aquí. Afortunadamente, al menos hasta ahora, la mortalidad de delfines se ha limitado al lago Tefé, una región en la que ya contamos con un instituto de investigación, ya conocemos el historial de la población, por lo que es más fácil intentar comprender qué está sucediendo. Pero el hecho es que el Tefé, que normalmente es un lago de aguas negras, rico en peces y biodiversidad en general, un lugar donde los delfines rosados están presentes y se reproducen, ha bajado tremendamente este año.

Pero las sequías en esta época del año son habituales, ¿no?

Son habituales, sí, y ya hemos pasado otras sequías extremas. Pero lo que está empeorando este período es el problema del encenagamiento del lago, que se debe a la alteración de los márgenes del río, a la deforestación que provoca que caiga arena y limo al lago, y a la gente que arroja basura al lecho del río. Es un caldero. Este año, a principios de septiembre, el lago empezó a secarse muy rápidamente, y toda esta pérdida de agua ha elevado absurdamente la temperatura. Y esta combinación de factores, posiblemente junto con algo más, está afectando a la salud de los delfines rosados.

¿Qué sospecha que ha causado esta mortandad?

Tenemos algunas sospechas y estamos intentando eliminarlas. No nos cabe duda de que la temperatura influye mucho en este escenario. La temperatura media histórica del lago Tefé ronda los 26-28 grados centígrados. La máxima era de 32 grados. El principal día de esta crisis, el 28 de septiembre, cuando murieron 70 delfines, medimos [la temperatura de] el agua y era de 40 grados centígrados. Solo con meter la mano en el agua podíamos sentir el malestar. Imagínate un animal completamente sumergido en esta agua, un animal acostumbrado a como mínimo 8 grados menos. ¡Es absurdo! Vemos tantas catástrofes por todo el mundo y pensamos que algún día llegarán a la Amazonia. Por desgracia, ese día ha llegado. Lo tenía en la cabeza, pero nunca creí que fuera a ocurrir de verdad, y de repente ha ocurrido.

¿No podría ser la alta temperatura la única causa de la muerte?

Sospecho que hay algo más, porque conozco a estos animales. Están sometidos a estrés térmico, pero son ágiles y móviles. Al igual que los ribereños, están acostumbrados a que el agua suba y baje, por lo que se dan cuenta de si hay algo que está diferente. Si se va a secar demasiado rápido, se dan cuenta y pueden irse al río Solimões. Incluso con esta sequía, sigue habiendo un canal en el lago, una zona más estrecha y profunda por la que pueden pasar los barcos y, sin duda, también los animales. ¿Por qué les dio la tontera de no irse? ¿Por qué se quedaron en un lugar que se ha convertido en una bolsa de agua más caliente? Estaban desorientados. Observamos su comportamiento, y era errático. Los delfines no podían bucear, solo se movían en círculos. Tienen algún problema. Puede ser estrés térmico, que disminuye la inmunidad, pero es posible que haya algo más: un contaminante, una biotoxina, un veneno que puede haber sido arrojado al agua. Aún no tenemos un diagnóstico. Estamos recogiendo los cadáveres.

La agonía que experimentaron los animales ha dejado perplejos a los investigadores del Instituto Mamirauá. La sequía elevó la temperatura del agua hasta 40 grados centígrados. Foto: Miguel Monteiro/Instituto Mamirauá

¿Qué tipo de análisis podría indicar lo que les ocurre a estos animales?

Tenemos un grupo de trabajo que está recogiendo los cadáveres. Los animales muertos no tienen marcas de redes ni de agresiones. Lo que nos ha llamado la atención es que tenían el estómago y el intestino vacíos, lo que significa que, al parecer, llevaban varios días sin comer. Pero nada que indique lo que puede haber ocurrido. Por eso estamos investigando a nivel tisular y celular, para tratar de identificar cualquier alteración microscópica que pueda indicar qué está sucediendo. Pero, a la vez, es un gran problema llevarse las muestras de aquí para que las analicen, porque solo puede hacerse en laboratorios de Manaos, São Paulo y Río de Janeiro. Es un problema porque el río está seco y la navegación es difícil. Es un horror tener que transportar estos materiales con este grado de urgencia.

Hay 139 muertos en el lago Tefé. ¿Qué significa esto con relación a la población de delfines?

Hace unos años calculamos que había unos 900 delfines rosados (Inia geoffrensis) y unos 500 tucuxis (Sotalia fluviatilis) en esta región. Ya hemos perdido más del 10% de la población en las últimas semanas, y el impacto de esto es enorme. La tasa normal de reemplazo de una población de mamíferos acuáticos, es decir, cuánto pueden crecer a partir de las tasas normales de mortalidad, es de un 5%. Ahora hemos perdido más del 10% de la población de especies que ya están catalogadas como amenazadas. Estamos en una situación muy crítica, y lo peor es que aún no ha terminado. Hemos tenido un pequeño alivio, con una bajada de las temperaturas recientemente. Y estamos atravesando la época del efecto rebote, que se produce durante la sequía, cuando el río sube un poco y luego vuelve a secarse. Y se seca mucho.

Está acostumbrada a navegar por este lago, a tratar con los animales. ¿Cómo fue navegar aquel fatídico 28 de septiembre, en el que murieron unos 70 animales?

Fue desgarrador encontrar a los animales tirados en la playa, una cantidad gigantesca a lo largo del río. Los animales con los que trabajamos son extremadamente carismáticos. Quienes presenciaron la agonía de los delfines en esos momentos finales nunca lo olvidarán. Los animales suelen estar en movimiento, los tucuxis saltan más, los delfines rosados son más discretos. Y esos días vimos a los animales muy agitados, intentando bucear, algunos incapaces de hacer una inmersión profunda. Los tucuxis luchando, todos estaban claramente en agonía, un tremendo malestar. Mientras nos centrábamos en los muertos, el ICMBio [Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad] también salió al lago, intentando hacer algo por los animales vivos. Pensamos que una estrategia sería sacarlos de la región menos profunda y dirigirlos hacia los pozos [para que fueran hacia el río Solimões], pero lo que vimos fueron escenas horribles. Por ejemplo: cuando lanzaron la red, un animal bajó y no volvió a subir. Eran escenas muy dramáticas, muy impactantes.

Dolor: una empleada del instituto, que participa en el grupo de trabajo para recoger los cadáveres de los animales e investigar la causa de la muerte, llora ante la devastadora escena. Foto: Miguel Monteiro/Instituto Mamirauá

Ahora es cuando las aguas suben un poco, pero la tendencia es que vuelvan a bajar. ¿Qué espera en los próximos días y semanas?

Terror, terror. Cuando pasa este período, el agua vuelve a secarse. Y prácticamente no queda agua en el lago. No sé si se secará por completo, si los animales que ya están estresados podrán salir al río Solimões. Ni siquiera sé si deberían irse, si deberíamos ayudarles a irse. Porque si tienen una enfermedad infecciosa, no podremos transportarlos. Es desesperante, es angustiante no saber qué hacer, cómo intentar ayudarles. Seguimos temiendo una nueva oleada de mortandad.

Ustedes estudian esta región desde hace décadas. ¿No podían haber previsto algo así?

Las predicciones sobre el cambio climático llevan años sobre la mesa. Mucha gente no se lo cree, mientras nosotros lo vivimos. Pero incluso sabiéndolo, no podíamos predecirlo y prepararnos. ¿Cómo te preparas para encontrar 70 delfines muertos en un día? Al menos todo el mundo se ha movilizado. La ciudad, los organismos municipales, el Ejército, la Marina, las universidades, las ONG… Todo el mundo está enviando equipos, recursos y fuerzas, pero no sé si será suficiente.

¿Cuál es el impacto a largo plazo de esta mortandad, teniendo en cuenta que se trata de especies en peligro de extinción?

No cabe duda de que esta población se verá afectada, porque repercutirá en la dinámica poblacional. Las tasas de natalidad y mortalidad no coincidirán, veremos una disminución de la población, y la reproducción de estos animales es muy lenta. No se recuperarán rápidamente. Lo «bueno» es que, al menos hasta ahora, esto solo está ocurriendo en el lago Tefé, no ha afectado a toda la Amazonia. Espero que no ocurra, pero la tendencia es que se repita el año que viene, y el siguiente y acabe llegando a otras cuencas. Entonces será mucho más complicado, porque lo que estamos haciendo aquí es una operación de guerra. ¿Cómo vamos a atender a todas esas regiones? Es aterrador lo que podría pasar.

¿Ve algún futuro para estas especies?

Si no lo viera, ya me habría ido. Por eso luchamos mucho, trabajamos mucho. Todos están comprometidos, espero que esta situación pueda revertirse. No es fácil, porque depende de un cambio de comportamiento, y eso lleva tiempo. Estamos haciendo nuestra parte, ¡pero todo es tan pequeño comparado con el tamaño de la Amazonia!


Verificación: Plínio Lopes
Revisión ortográfica (portugués): Valquiria Della Pozza
Traducción al español: Meritxell Almarza
Traducción al inglés: Sarah J. Johnson
Edición de fotografía: Lela Beltrão
Montaje de página: Érica Saboya

Un 10% de la población de delfines rosados y tucuxis del lago Tefé ha sido exterminada en las últimas semanas, lo que supone un profundo impacto en el futuro de estas especies, que ya estaban en peligro de extinción. Foto: André Zumak/Instituto Mamirauá

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