La secuencia de hechos comenzó hacia las diez y media de la noche del 22 de enero. Una fuerte tormenta, cada vez más frecuente en tiempos de emergencia climática, derribó cinco torres del Travessão do Surubim, una línea de transmisión eléctrica que atraviesa el municipio de Anapu, en el suroeste del estado brasileño de Pará. Los miles de kilómetros de cables de acero envían al sur y sureste de Brasil gran parte de la energía que produce en la Selva Amazónica la polémica Central Hidroeléctrica de Belo Monte. Para no sobrecargar las líneas que seguían funcionando, Norte Energia, concesionaria de la central, interrumpió el paso del agua del Río Xingú por cuatro de las 18 turbinas de Belo Monte. Con parte de la producción paralizada y mucha agua embalsada, en los días siguientes los operadores de la hidroeléctrica tuvieron que abrir el aliviadero de la represa de Pimental y soltaron más agua en la Vuelta Grande del Xingú, una de las regiones con mayor biodiversidad de la Amazonia y la más afectada por la represa. Y la Vuelta Grande se inundó como hacía tiempo que no se veía en un mes de enero. La vida, estrangulada por Belo Monte, dio muestras de recuperarse. Los peces encontraron el camino hacia los sarobais, bosques inundables con vegetación baja y árboles frutales, en este movimiento migratorio en busca de los tramos sin corriente del Xingú para poner sus huevos. La Naturaleza derribó las torres, la empresa se vio obligada a soltar el agua y la vida se impuso para crear más vida.

Una de las torres que cayeron en el Travessão do Anapu, Pará, y obligaron a Norte Energia a reducir la producción en Belo Monte y enviar más agua a la Vuelta Grande del Xingú. Foto: Reproducción Bom dia Pará/T
«Hacía seis años que no veíamos tanta agua en esta época», dice Josiel Juruna, uno de los líderes de la Tierra Indígena Paquiçamba, situada en la orilla izquierda de la Vuelta Grande. «Muchas Tarariras, Tarariras azules, Boquichicos y Surubíes pintados consiguieron entrar en las piracemas, un canal donde al final hay lagunas que sirven de cunas, y poner sus huevos», explica el Indígena del pueblo Yudjá-Juruna, investigador del Monitoreo Ambiental y Territorial Independiente de la Vuelta Grande del Xingú. El Mati-VGX estudia los impactos de Belo Monte basándose en los conocimientos tradicionales de los pueblos Indígenas y Ribereños, con el apoyo de algunos de los científicos más reconocidos de universidades e institutos de investigación brasileños.

Josiel Juruna, investigador Indígena del Monitoreo Ambiental Territorial Independiente de la Vuelta Grande, con Belo Monte al fondo. Foto: Wajã Xipai/SUMAÚMA
Sin embargo, el 13 de febrero se recuperaron las torres de transmisión del Travessão do Surubim. El agua que había alimentado la vida durante varios días ya podía volver a producir beneficios y energía. «Si el agua baja, morirán los pocos peces que han logrado reproducirse», se preocupa Raimundo da Cruz e Silva. El pescador y Ribereño, que vive en uno de los tramos de la Vuelta Grande más afectados por el embalse del Xingú, es también miembro de Mati-VGX y sabe explicar como pocos los cambios que afectan a las personas humanas, los animales, las plantas y los hongos de la región. «Las Boquichicos tenían los ovarios llenos, listos para desovar. Entendieron que era el momento y entraron en las pocas piracemas que se inundaron de repente. Y muchas consiguieron desovar», afirma Jansen Zuanon, profesor jubilado del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia, uno de los expertos más respetados del mundo en peces amazónicos y también miembro del Mati-VGX. Si el agua baja, habrá una gran mortandad de embriones y alevines.
La decisión sobre el destino de la vida en la Selva se disputa entre funcionarios, ejecutivos trajeados y sus abogados en Brasilia y Altamira, en el estado de Pará. El Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables (Ibama), determinó, por medio de un oficio, que la inesperada inundación se mantuviera al menos hasta mediados de marzo, para que los alevines nacidos de los huevos que eclosionaron en las piracemas pudieran desarrollarse y llegar al Río Xingú. Pero Norte Energia, la empresa privada que explota Belo Monte, no quiso esperar: acudió a los tribunales, alegando «graves perjuicios debido a la significativa reducción de generación durante el período» y «daños de unos 2,8 millones de dólares al mes» si tuviera que mantener el actual volumen de agua en la Vuelta Grande. Con una decisión provisional bastante confusa, el juez falló a favor de Belo Monte, pero el Ibama y el Ministerio Público Federal recurrirán la sentencia.

En la recomendación del Ibama, la determinación de que Norte Energia mantenga el nivel del agua para permitir la reproducción de los peces. Foto: Reproducción
El fiscal jefe de la Fiscalía de la República en Pará, Felipe de Moura Palha e Silva, declaró a SUMAÚMA: «El Ministerio Público Federal ha obtenido información técnica que recomienda la intervención inmediata para evitar una escalada de daños si se produce un cambio en las condiciones ambientales establecidas y necesarias para la continuidad de los procesos reproductivos que han tenido lugar con la reciente ampliación del flujo hídrico del Xingú». Y añadió: «Se ha creado una situación extraordinaria y la alerta es que existe el riesgo de que mueran miles de huevos, en un entorno que lleva años sufriendo los impactos no mitigados de la central de Belo Monte».
Si nada cambia, la Vuelta Grande del Xingú será el escenario de otra catástrofe ambiental, con la muerte de millones de peces aún en los huevos y la consiguiente inseguridad alimentaria de las comunidades Indígenas y Ribereñas.
¿Dueña del agua?
El pasado 28 de enero, Norte Energia envió un documento al Ibama informando de lo ocurrido tras el derrumbe de las torres en el Travessão do Surubim. Con parte de la producción cortada, además de «las elevadas afluencias comprobadas y previstas para el embalse del Xingú, […] se hizo necesario aplicar una tasa de variación de defluencias [desagüe] superior a las previstas en la concesión». El documento continúa: «Así, tras la comunicación previa a la población del TVR [Tramo de Caudal Reducido, el término burocrático utilizado para denominar la Vuelta Grande del Xingú tras el represamiento del Río], el caudal horario aumentó de 100 metros cúbicos por segundo a 300 metros cúbicos por segundo en pocas horas los días 24 y 25 de enero, y las variaciones del caudal total en este tramo fueron superiores a los límites actuales».
En lenguaje llano, la empresa informó que, con demasiada agua embalsada, tuvo que soltarla en volúmenes mayores a los autorizados en un documento llamado «concesión», que fue emitido por la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento y determina cuánta agua puede extraer Norte Energia del Xingú para producir electricidad. La concesión dio lugar a dos hidrogramas que son objeto de disputa y cuestionamiento, porque se ha demostrado que amenazan la vida en la Vuelta Grande y afectan a la seguridad alimentaria de las comunidades humanas y más-que-humanas. En su estado actual, la licencia «da mucha libertad a la central hidroeléctrica para utilizar el agua», explica André Oliveira Sawakuchi, profesor titular del Instituto de Geociencias de la Universidad de São Paulo, autor de estudios sobre el impacto de las centrales hidroeléctricas de los ríos amazónicos en la biodiversidad local y también colaborador del Mati-VGX. «El agua es un bien de uso público y múltiple. La concesión [a Norte Energia] puede y debe ser impugnada. Si detectamos problemas mayores de los previstos, o si superan lo que se pensaba en los estudios de impacto, hay que revisarse», subraya Jansen Zuanon.

El Río Xingú frente a la aldea Mïratu en imágenes del 19 de diciembre de 2024 (izquierda) y del 25 de febrero de 2025, cuando el efecto de la inundación es evidente. Fotos: Josiel Juruna
Sawakuchi y Zuanon son coautores, con otros seis investigadores de renombre, de una nota técnica elaborada el 4 de febrero para el Ministerio Público Federal sobre la inundación inesperada en la Vuelta Grande. El documento concluye que Norte Energia «violó sistemáticamente los límites establecidos en la concesión y expuso a las poblaciones del TVR [Tramo de Caudal Reducido] a riesgos para su integridad física y pérdidas materiales, además de causar efectos deletéreos [perjudiciales] para la fauna acuática y su reproducción». Eso se debe a que, poco después de la inundación repentina, se comprobó que «un descenso de 24 cm [centímetros], tras una rápida subida del nivel [del Río], provocó la muerte de un gran número de huevos y el consiguiente fracaso en el proceso de reproducción de los peces».
Es algo que Zuanon describe como «un sube y baja impredecible, que confunde enormemente a los peces»: entran en las piracemas para desovar, pero el agua baja y los huevos acaban sobre la tierra seca. Una tragedia que Raimundo vio ocurrir cerca de su casa: «Muchos huevos se quedaron fuera del agua. Apestaba a carroña, a pescado podrido. Es muy triste pensar que cada trocito era un pez, un pez que iba a alimentarte, a hacer que el Río evolucionara de nuevo». Por este motivo, los científicos universitarios que firmaron de la nota técnica del Ministerio Público Federal subrayan «la urgencia de intervenir para evitar fluctuaciones bruscas del nivel del agua en el TVR [Tramo de Caudal Reducido], especialmente los descensos de nivel durante la época de reproducción de los peces».

Huevos que acaban en la arena —donde nunca eclosionarán— del lecho de la piracema tras bajar el nivel del Río Xingú. Fotos: Josiel Juruna
También señalan que en el diseño original de Belo Monte había dos aliviaderos. Los aliviaderos son una especie de sistema de seguridad de las centrales eléctricas como Belo Monte que pueden abrirse cuando el nivel de agua acumulada por la represa sube demasiado. Uno de ellos, que nunca se construyó, podría verter agua en un tramo artificial de río denominado canal de derivación. En 2011 simplemente se excluyó del proyecto, lo que, según los científicos firmantes de la nota, «sugiere la importancia secundaria que se da a la gestión de los riesgos socioambientales, en favor de los criterios económicos». Operar con un único aliviadero «implica una inseguridad permanente para las poblaciones, los territorios Indígenas y los ecosistemas», afirman. Este escenario se ve «agravado por el actual contexto de cambio climático, que aumenta la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos con efectos diversos y aún poco conocidos, como el que provocó la caída de las torres». A su vez, el derrumbe de las torres «demuestra que las infraestructuras de transmisión de energía son vulnerables a las nuevas condiciones climáticas y que los daños podrían generar una cascada de efectos negativos para la seguridad socioambiental» de la Vuelta Grande.
Ante todas las evidencias, el Ibama envió a Norte Energia un documento a última hora de la tarde del 14 de febrero, un viernes. Citando la «variación brusca del nivel del agua [que] causó impactos en la ictiofauna [conjunto de especies de peces] y en su reproducción», cuya eventual repetición podría «provocar nuevos eventos de pérdida de huevos y alevines en las piracemas», la carta firmada por la directora de Licenciamiento Ambiental, Claudia Jeanne da Silva Barros, determinaba que «Norte Energia mantenga el nivel de agua actual hasta el final de la veda [el 15 de marzo] y evite la reducción brusca del caudal, con el fin de prevenir nuevos daños socioambientales».
Ante la determinación del Ibama, basada en los principios de cautela y prevención que rigen la legislación ambiental, Norte Energia recurrió a los tribunales.

Norte Energia denuncia una pérdida mensual de 2,8 millones de dólares en una acción que interpuso para no tener que respetar la reproducción de los peces en el Xingú. Foto: Reproducción
La rápida respuesta del juez
En una queja judicial de 56 páginas presentada el lunes siguiente, 17 de febrero, Norte Energia afirma que se le impide utilizar las aguas del Río Xingú en la forma autorizada por la concesión de la Agencia Nacional de Aguas, «a pesar de tener las condiciones operativas para hacerlo, lo que ya está causando graves pérdidas», incluso «a todo el Sistema Interconectado Nacional» de energía eléctrica. También argumenta que se le impide generar «el 20% de la capacidad de la mayor central hidroeléctrica 100% nacional, con grave riesgo para la seguridad energética del país».
El documento está firmado por Julião Silveira Coelho y otros cinco abogados de su bufete, uno de los mayores en derecho mercantil, con sede en una imponente y moderna casa de Lago Sul, el barrio más caro de Brasilia. La casa, recientemente renovada, ganó un premio internacional de arquitectura en 2022 gracias, en parte, a características como la reutilización del agua de lluvia y el uso de energía solar. Uno de los abogados que firman el alegato de Norte Energia, Luís Felipe Salomão Filho, es hijo de un magistrado del Superior Tribunal de Justicia. Argumentan que el Ibama «incumple la concesión expedida por el organismo competente», la Agencia Nacional del Agua.
En la ciudad de Altamira, el caso cayó en manos del juez federal Leonardo Araújo de Miranda Fernandes. Dos días después, el 19 de febrero, con una decisión que decía «sopesar la seguridad energética nacional, la necesidad de una gestión eficaz de los recursos hídricos y la preservación del medioambiente», accedió a la solicitud de Norte Energia. El juez decidió sin tener en cuenta siquiera el plazo de cinco días solicitado por el Ibama para presentar sus argumentos. La sentencia, de ocho páginas, tiene erratas en el número de un proceso del Tribunal Supremo sobre Belo Monte y en la abreviatura del término Tramo de Caudal Reducido, indicios de que no se ha revisado cuidadosamente.
El Ibama apelará. «En los últimos años, ha habido pocas oportunidades de reproducción en la Vuelta Grande del Xingú. Principalmente por la poca cantidad de agua o el exceso en un corto espacio de tiempo. [Ahora] solo pedimos que en las próximas semanas las maniobras se realicen con cuidado, sin retirar el agua bruscamente, para que los peces puedan conservarse», afirma el presidente del Ibama, Rodrigo Agostinho. «Está lloviendo mucho en la región y hasta ahora no se ha reducido la generación de energía gracias al Ibama. El papel de la institución es precisamente garantizar que la producción de energía pueda tener lugar dentro de los límites de la propia Naturaleza. Lamentamos esta decisión».
El Ministerio Público Federal, que cuestiona en un pleito la forma en que Belo Monte utiliza el agua del Xingú, también está ultimando un recurso. La nota técnica que solicitó a los científicos sobre el incidente de enero advertía de «las grandes incertidumbres con relación a la operación de Belo Monte y la necesidad permanente de revisar y definir criterios que garanticen la vida en la Vuelta Grande del Xingú». Queda por ver si llegará a tiempo, antes de que Norte Energia, con la autorización de la Justicia, empiece a desviar más agua hacia sus turbinas.

En la advertencia de los científicos al Ministerio Público Federal, las «grandes incertidumbres» sobre Belo Monte y las amenazas a la vida en la Vuelta Grande del Xingú. Foto: Reproducción
Cuando firmó la sentencia, el juez Leonardo Fernandes dividía su tiempo entre la subsección judicial de Altamira —donde transcurre la impugnación de Norte Energia— y un juzgado federal de Boa Vista, capital del estado de Roraima. Para ir de una ciudad a otra, hay que tomar al menos dos vuelos comerciales, con escala obligatoria en Belém, o recorrer por tierra casi 3.000 kilómetros, la mayoría sin asfaltar. En Altamira, una de las ciudades más violentas de Brasil, con una creciente penetración del crimen organizado, los cargos de juez federal titular y juez federal sustituto están vacantes desde agosto de 2024, cuando Fernandes fue enviado a Boa Vista, y no se sabe cuándo se cubrirán. Al cierre de este reportaje, el juez federal sustituto de Santarém, Pará, estaba a cargo de Altamira.
La Justicia Federal de Pará ha informado que «hay un concurso abierto» para cubrir las vacantes en Altamira y que «los procesos de las dos unidades judiciales son electrónicos, lo que permite el trabajo a distancia». También ha afirmado que «durante la gestión del Dr. [sic] Leonardo Fernandes, el Juzgado Federal de Altamira recibió la más alta certificación del Consejo Nacional de Justicia, el Sello Diamante, un premio inédito para la unidad», por su eficiencia. Por último, ha afirmado que el Tribunal Regional Federal de la 1.ª Región «es el órgano responsable del nombramiento de los magistrados y del control de las vacantes». SUMAÚMA envió algunas preguntas sobre la situación a ese tribunal, pero el gabinete de prensa se limitó a responder que remitiera las preguntas a la Justicia Federal de Pará.
La acumulación de cargos puede ayudar a explicar el salario del juez Fernandes. En enero de 2025, cobró más de 24.000 dólares netos, según el portal de transparencia del Consejo Nacional de Justicia. Al salario base de unos 6.500 dólares se añadieron unos 11.500 dólares en «derechos contingentes» y unos 9.000 dólares en «indemnizaciones». Desde el pasado agosto, sus ingresos mensuales superan los 6.800 dólares (en dos ocasiones sumaron más de 17.000).

El juez federal Leonardo Araújo de Miranda Fernandes, que falló a favor de Belo Monte, en un vídeo de un curso jurídico. Foto: Reproducción/YouTube Estratégia Carreira Jurídica
Se trata de una situación habitual en el Poder Judicial brasileño, como demuestra una serie de reportajes publicados en las últimas semanas. SUMAÚMA solicitó a la Justicia Federal de Pará que proporcionara detalles de los «derechos contingentes» y las «indemnizaciones» pagadas —con dinero público— al juez Fernandes. La respuesta fue, simplemente, que los salarios «siguen la legislación vigente» y están «sujetos al control de los organismos competentes». SUMAÚMA también solicitó, por correo electrónico, una entrevista con el juez. La Justicia Federal de Pará informó que «la posición del juez sobre el asunto ya está debidamente registrada en la propia decisión».
Norte Energia ha afirmado que no responderá a las preguntas que SUMAÚMA le envió por correo electrónico y aplicación de mensajería.
Hidrogramas sin consenso: el punto estratégico de la disputa
Las 56 páginas de la acción que presentó Norte Energia para que se le autorice judicialmente a desobedecer una determinación del Ibama basada en la cautela y la prevención pueden sorprender a quienes no siguen de cerca los impactos de la hidroeléctrica en la Vuelta Grande del Xingú. No se trata de una disputa puntual por las aguas de uno de los mayores afluentes del Río Amazonas, sino de una disputa que se arrastra desde hace años sobre la cantidad de agua que la central puede tomar de la Vuelta Grande sin provocar un ecocidio. Los impactos ambientales son contundentes y están ampliamente documentados, afectan a diversas especies de más-que-humanes y ponen en peligro la seguridad alimentaria y el modo de vida de comunidades tradicionales cuya ocupación, en el caso de los Indígenas, se remonta a milenios.
«Hidrogramas de consenso» es el término que utilizan en la acción los abogados de Norte Energia. Pero nunca, en ningún momento, hubo consenso sobre las cantidades de agua estipuladas en los hidrogramas A y B, como ha señalado SUMAÚMA en varios reportajes. El Hidrograma A tendría impactos tan abrumadores que nunca se ha aplicado. El B es el que usa la central, pero se ha comprobado que impide la reproducción de peces y otras especies de la Vuelta Grande del Xingú, lo cual afecta el modo de vida no solo de los Indígenas y Ribereños, sino de todos los seres vivos de la región. Ambos hidrogramas son objeto de una acción civil pública por parte del Ministerio Público Federal.
La renovación de la licencia de funcionamiento de Belo Monte está sobre la mesa del Ibama, que también tendrá que decidir sobre la cantidad de agua. Este puede ser el temor de Norte Energia al operar una hidroeléctrica que fue impuesta y construida a un costo mucho mayor de lo previsto y en contra de las conclusiones de algunos de los científicos más reputados de Brasil, que señalaron la magnitud de los impactos de la central en comparación con la producción de energía en un Río con comportamiento estacional, que se seca durante la mitad del año. La construcción de Belo Monte también subestimó los impactos del colapso climático, que en los dos últimos años ha producido en la región del Medio Xingú —y en la mayor parte de la Amazonia— las sequías más graves jamás registradas, lo que también compromete la generación de energía.

André Oliveira Sawakuchi (izquierda) y Jansen Zuanon, científicos especializados en la región amazónica. Fotos: Sherilyn Fritz y Gabriel Bassen
No son dos visiones de mundo en disputa, como a veces se presenta. La posibilidad de convertir la Vuelta Grande del Xingú en una zona de sacrificio, como viene ocurriendo, es inconstitucional. «La gran lucha es para que al menos el ritmo y parte del volumen de agua de la Vuelta Grande imiten y mantengan el patrón histórico, que ha evolucionado a lo largo de millones de años», subraya Jansen Zuanon. «Tenemos que pensar en modelos de generación de electricidad que respeten las condiciones naturales del medioambiente, que preserven los ciclos naturales. El Río tiene que crecer en el momento adecuado, mantenerse lleno durante un tiempo y luego bajar. Hoy, lo que determina cuánta agua se vierte en la Vuelta Grande es la demanda [de electricidad] en el sur y el sureste del país, que consumen la mayor parte de la energía [generada en Brasil]. Y quienes viven en la región sufren las consecuencias negativas», afirma el científico.
La decisión del juez no altera la disputa sobre el hidrograma que debe aplicar Belo Monte. Pero, al autorizar a Norte Energia a desobedecer una decisión del principal organismo ambiental del gobierno de Brasil —y sin escucharla antes de decidir, lo que no es habitual—, el juez fortalece la posición de la empresa.
Derecho a la existencia colectiva
Tan lejos de los lujosos bufetes y de las imponentes oficinas de Norte Energia en Brasilia como de los elevados salarios de los jueces que deciden sobre su vida, los Ribereños, Indígenas y pueblos más-que-humanos de la Vuelta Grande del Xingú se ven obligados a lidiar con las consecuencias de las decisiones de los hombres trajeados.

Raimundo da Cruz e Silva, Ribereño y pescador, con una regla que se utiliza para monitorear la piracema en la comunidad Rio das Pedras, en Anapu, Pará. Foto: Soll/SUMAÚMA
«Nuestra vida depende del Río. Que era maravilloso: trabajábamos en las huertas durante el día, por la tarde íbamos a pescar y volvíamos con la cena y el almuerzo del día siguiente», recuerda Raimundo da Cruz e Silva. Hasta que la presa de Belo Monte empezó a levantarse. «En 2019, cuando se cerró la última compuerta, las cosas se pusieron feas. El Río fue disminuyendo, disminuyendo… Solo quedó el recuerdo. Los que no la hayan visto nunca sabrán cómo era. La reproducción de los peces, estamos seguros, ya ha caído un 80%. El Río Xingú, en la Vuelta Grande, está muerto».
Raimundo, que lleva más de 30 años pescando en la Vuelta Grande del Xingú, sabe que no hay futuro para la vida en la región si el agua no llega con la cantidad necesaria y también mucho antes de lo que lo hace. Tras la construcción Belo Monte, «cuando hay una crecida, es solo en marzo, abril». Pero entonces ya se acaba la temporada de veda, que termina el 15 de marzo. Y el pescador, que entiende cómo funciona el Río, sabe que la mayoría de los peces terminan su período reproductivo a mediados de febrero.
«Le han robado el agua a la Vuelta Grande. Por eso ha perdido vegetación, diversidad y nosotros hemos perdido nuestra forma de vida, nuestra alimentación. Hoy comemos conservas, mortadela en lugar de pescado, que era la dieta de los Ribereños. Comprar carne: eso es algo que no estaba en nuestro vocabulario», dice Raimundo con tristeza. Habló con SUMAÚMA en la ciudad de Altamira, a 80 kilómetros de su casa, donde había ido a comprar comida, algo que, hasta que existió Belo Monte, nunca había tenido que hacer.

A pesar de alegar pérdidas para mantener el nivel del agua compatible con la reproducción de los peces, la concesionaria de Belo Monte ha anunciado que subirá en las próximas dos semanas. Foto: Reproducción
En Brasilia, a casi 2.000 kilómetros de distancia, un debate promovido por la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil reunió a un grupo de juristas en el auditorio de la Universidad de Brasilia la tarde del 25 de febrero. Se discutieron las decisiones políticas y judiciales que amenazan a los pueblos Indígenas y otros pueblos de la Selva. Uno de ellos, el jurista Carlos Frederico Marés, que presidió la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas de noviembre de 1999 a abril de 2000, hizo un análisis preciso: «La discusión del derecho Indígena es la discusión del derecho a la existencia colectiva de los pueblos. Los pueblos Indígenas impusieron esta categoría al derecho moderno. El corolario obvio es el lugar. El derecho a existir de los pueblos Indígenas es el derecho a existir de los demás seres de la zona. Entenderlo es fácil. ¿Pero que el Derecho lo entienda también lo es? Yo diría que es casi imposible. ¿Cómo puede un jurista moderno entender el derecho a existir de un colectivo que es más-que-humano?». No se refería al caso de Belo Monte, pero la reflexión aclara lo que está ocurriendo en la Vuelta Grande del Xingú.
A pesar de denunciar, en la acción interpuesta el 17 de febrero, una pérdida de 2,8 millones de dólares al mes si no se reduce el volumen de agua destinado a la Vuelta Grande, ocho días después Belo Monte informó a la población de la región que el nivel del Xingú subirá «poco a poco y diariamente durante las próximas dos semanas, en función del volumen de lluvia». En la página web de la empresa, el 26 de febrero se preveía un caudal natural de 20.105 metros cúbicos por segundo y el caudal de salida (la cantidad de agua que se suelta) para la Vuelta Grande era de 10.501 metros cúbicos por segundo. Es más agua que el 14 de febrero, cuando el Ibama determinó que se mantuviera el caudal. De esto surge al menos una pregunta: ¿por qué Norte Energia alegó enormes pérdidas en la acción judicial pero, incluso con una decisión judicial favorable, aumentó el volumen de agua en la Vuelta Grande del Xingú en lugar de disminuirlo, como decía que había que hacer urgentemente?
Mientras tanto, en las últimas semanas han caído fuertes lluvias en toda la región de la Vuelta Grande. La Naturaleza, como siempre, hace más por la vida de lo que la humanidad demuestra que es capaz.

Torre eléctrica en el cauce del Río Xingú, junto a árboles muertos tras la inundación del principal embalse de Belo Monte. Foto: Lela Beltrão/SUMAÚMA
Reportaje y texto: Rafael Moro Martins, Eliane Brum e Pablito Aguiar
Edición: Eliane Brum
Edición de fotografía: Lela Beltrão
Chequeo de informaciones: Bruno Lima
Revisión ortográfica (portugués): Valquíria Della Pozza
Traducción al español: Meritxell Almarza
Traducción al inglés: Sarah J. Johnson
Montaje de página y finalización: Natália Chagas
Flujo de trabajo editorial: Viviane Zandonadi
Editora jefa: Talita Bedinelli
Directora editorial: Eliane Brum