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Más independencia: el presidente colombiano Gustavo Petro defiende en Dubái que el mundo deje de abastecerse de petróleo, gas y carbón. Foto: Mahmoud Khaled/COP28

Dubái, la ciudad en medio del desierto donde este año se celebra la cumbre del clima de las Naciones Unidas, la COP28, no es solo una vitrina del dinero del petróleo, sino también de sus consecuencias ambientales. A pesar del sol omnipresente, la ciudad a menudo amanece y anochece cubierta de una neblina gris amarillenta, una mezcla del polvo de los edificios en construcción y de la contaminación de los autos, de la industria y de las centrales termoeléctricas, que generan electricidad a partir de combustibles fósiles. El más famoso de los siete Emiratos Árabes Unidos, que conforman uno de los países más contaminados del mundo, es una versión más opulenta y menos arbolada del barrio carioca Barra da Tijuca, con condominios, hoteles y centros comerciales intercalados con avenidas de alta velocidad y aceras desiertas.

«[Emiratos] es una especie de artificio para el gran capitalismo mundial desde el punto de vista del turismo para ricos», definió el presidente colombiano Gustavo Petro, uno de los más de 140 gobernantes que participaron en la inauguración de la COP los días 1 y 2 de diciembre. La cumbre se celebra en Expo City Dubai, que se construyó para auspiciar la Exposición Universal de 2020 pero acabó inaugurándose en 2021 a causa de la pandemia de covid-19. Expo City pretende ser una «ciudad del futuro», pero parece un gran parque temático, frío y controlado, muy distante de la Amazonia y de las partes del mundo donde la injusticia climática se pone de manifiesto cada día.

Petro ha suspendido los nuevos contratos de exploración de petróleo en Colombia. Además, propone que la selva amazónica sea declarada zona libre de producción de combustibles fósiles y «tratada como algo sagrado» ante la necesidad de contener la emergencia climática. El colombiano respondió a las preguntas de SUMAÚMA a la salida de la presentación de una propuesta de tratado mundial para eliminar progresivamente el consumo y la explotación de petróleo, gas y carbón. La quema de combustibles fósiles es la principal responsable de liberar a la atmósfera los gases que provocan el calentamiento global y es el tema principal de la COP28. Sin embargo, solo 11 países han suscrito la propuesta de tratado; todos ellos, a excepción de Colombia, son naciones insulares que corren el riesgo de desaparecer con la subida del nivel de los océanos.

El mismo día en que se presentó la iniciativa en la COP28, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva confirmó que Brasil se unirá a la OPEP+, u OPEP Plus, un bloque de diez naciones aliadas de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, de la que forma parte Emiratos Árabes Unidos. La decisión acabó eclipsando el atractivo ambiental del gobierno brasileño, que llegó a Dubái habiendo reducido la deforestación en la Amazonia, presentado la idea de un fondo para la preservación y recuperación de las selvas tropicales y siendo la sede de la COP30, que tendrá lugar en la ciudad de Belém, en el estado de Pará.

Conservar selvas como la Amazonia y eliminar el uso y la producción de fósiles no son cuestiones separadas, sino que están estrechamente relacionadas, como subrayó Fabiola Zerbini, directora del Departamento de Bosques del Ministerio de Medio Ambiente y Cambio Climático brasileño. «El debate sobre la conservación y restauración [de las selvas] es fundamental, pero tiene que ir de la mano del cambio de la matriz energética», declaró Fabiola a SUMAÚMA. «[La conservación de las selvas] no puede utilizarse como excusa y compensación por los fósiles; de lo contrario, es una perversidad mantener el mundo exactamente como está, con esta concentración de riqueza y emisiones [en los países ricos y, dentro de países como Brasil, en una minoría de la población]».

El propio Lula, en uno de sus discursos en la COP, afirmó que, incluso si no se talan más árboles, la selva amazónica corre el riesgo de alcanzar el punto sin retorno, degradándose hasta tal punto que sea incapaz de absorber dióxido de carbono y regular el clima. «El aumento de la temperatura global podría desencadenar un proceso irreversible de sabanización de la Amazonia», declaró el presidente. «Los sectores de energía, industria y transporte emiten muchos gases de efecto invernadero. Tenemos que ocuparnos de todas estas fuentes», añadió.

No obstante, Lula no respondió a la petición de Marcio Astrini, secretario ejecutivo del Observatorio del Clima, de llenar el «vacío de liderazgo mundial» y poner sobre la mesa de la COP una propuesta de calendario para eliminar progresivamente los combustibles fósiles. En la cumbre, como era de esperar, la mayoría de los países prefirieron abordar la cuestión de forma tangencial: Brasil fue una de las 116 naciones que firmaron un compromiso político, sin fuerza de ley internacional, para triplicar la capacidad de generar energía renovable a finales de esta década. El compromiso no contempla acabar con el uso y la producción de petróleo, gas y carbón.

El colombiano Petro lamentó que la izquierda tradicional de América Latina no haya avanzado para superar la «economía fósil» y dijo que la tarea le corresponderá a la nueva generación. A continuación, presentamos los principales pasajes de su entrevista, en la que participaron también otros periodistas brasileños:

SUMAÚMA: ¿Espera que otros países latinoamericanos se sumen a la propuesta de tratado para eliminar los combustibles fósiles? Brasil tiene previsto aumentar su producción de petróleo y ha anunciado su ingreso en la OPEP+.

GUSTAVO PETRO: Pienso que América Latina está en una etapa balbuciente, que sus movimientos progresistas aún no comprenden la cabalidad —lo que ya es un consenso en África y una profunda discusión en el resto del mundo—, que es la necesidad de escapar, de salir, lo más pronto posible del uso [de combustibles fósiles] y de sostenerse sobre el petróleo, el carbón y el gas. Fíjese que América Latina, en las últimas tres décadas, en el triunfo electoral de muchas de sus fuerzas progresistas, no logró tener un proyecto independiente de los combustibles fósiles. Venezuela sigue dependiendo del petróleo, Colombia del carbón y del petróleo, Bolivia del gas, muchos otros países igualmente, como el mismo Brasil, [aunque] de una manera menos monopolizada por el petróleo. Esa dependencia económica hacia la economía fósil le ha impedido al progresismo latinoamericano tener una visión independiente y ha hecho que América Latina no logre hacer el tránsito teniendo una potencialidad enorme, igual que África, para generar energías limpias, incluso para exportarlas, para industrializarse sobre la base de las energías limpias, en lo que podríamos llamar una economía descarbonizada. Si la miramos un poco más a profundidad, una economía descarbonizada implica un cambio en la correlación del poder mundial y un cambio en las relaciones sociales de producción.

Lula dijo que Brasil se unirá a la OPEP+ para convencer al grupo de que tiene que hacer la transición y comprar combustibles renovables brasileños.

Yo respeto sus decisiones, pero ya hay una conciencia árabe de la necesidad de la transición. Es decir, [la necesidad de dar] respuestas a un gran interrogante: ¿cómo serán las sociedades árabes petroleras en un mundo sin consumo del petróleo? Y creo que aquí debe haber —y ya lo vimos en los discursos de los dirigentes árabes— una discusión, indudablemente, pero [también] unos pasos audaces hacia lo que será la sociedad árabe sin petróleo. Esta misma circunstancia debimos planteárnosla en Latinoamérica: ¿cómo será Venezuela en un mundo sin petróleo? Es la misma pregunta que nos hacemos en Colombia. Me atreví a plantearla en el escenario electoral con buen resultado [Petro ganó las elecciones en junio de 2022], porque la mayoría de la población respaldó nuestra tesis de transitar hacia una economía descarbonizada en Colombia, que es la segunda potencia de la biodiversidad en el mundo. Pero esta misma pregunta hay que hacerla en Bolivia, en Perú, en Brasil, en México, en la mayoría de nuestros países. Y las respuestas parece que no están hoy de mano de la izquierda tradicional; no están indudablemente en las derechas, que son casi todas negacionistas. Pero están en manos de las nuevas generaciones, de las nuevas fuerzas sociales de Latinoamérica que tienen que plantearse el gran potencial de la región, que es, como digo en mi país, la potencia de la vida.

En Colombia, donde usted ha suspendido los nuevos contratos de exploración de petróleo, ¿ha encontrado mucha resistencia?

El paso que hemos dado en este gobierno es no firmar nuevos contratos de exploración. Se mantienen los contratos ya firmados de explotación y exploración vigentes. El país ya tiene un nivel descendente en la exportación y producción de petróleo. Hay una oposición política negacionista que no ve lo que está sucediendo en el mundo, pero hay una realidad y es que la demanda por carbón y petróleo colombiano está cayendo. No depende de nosotros: el mundo mismo está reduciendo la demanda por petróleos pesados, que son los primeros en desaparecer, y carbón. Y eso nos obliga, querámoslo o no, a transitar hacia una economía sin ese tipo de materias primas fósiles. Y es lo que estamos haciendo ahora, con dificultades. Hay una hipocresía mundial: no hay una ayuda sobre la cual uno pudiera apoyarse para hacer la transición, lo estamos haciendo con nuestros propios esfuerzos. Tenemos resultados positivos en algunos temas. Por ejemplo, está creciendo sustancialmente el turismo, la producción de alimentos y las energías limpias. La matriz energética colombiana tiene el 75% de energía limpia. Estamos a punto —y no sería muy difícil— de lograr una matriz completamente limpia.

En la cumbre de los países amazónicos celebrada el pasado agosto en Belém, usted propuso que la declaración final incluyera una Amazonia sin petróleo…

Explotar petróleo en la selva es una contradicción en los términos. La selva es la esponja que absorbe, hoy por hoy, en todo el continente americano, la mayor cantidad de CO2 fuera de los océanos. Y esa esponja no puede ser la receptora de una explotación que va a emitir CO2 sobre los bosques. Eso ya sería prácticamente el fin de la existencia humana, porque la selva amazónica es un pilar climático fundamental y debe ser tratada como algo sagrado desde el punto de vista de la superación de la crisis climática.


Nuestro trabajo en Dubái goza del apoyo de la organización no gubernamental Global Witness (@global_witness), que publicó un artículo de Claudia Antunes (en Portugués) que explica la importancia de esta COP28 y esta cobertura para el planeta


Reportaje y texto:  Claudia Antunes
Chequeo de informaciones: Plínio Lopes
Revisión ortográfica (portugués): Valquiria della Pozza
Traducción al español: Meritxell Almarza
Traducción al inglés: Diane Whitty
Edición de fotografía: Lela Beltrão
Montaje de página y finalización: Érica Saboya
Editoras: Malu Delgado (responsable de reportaje y contenido), Viviane Zandonadi (flujo y estilo) y Talita Bedinelli (coordinación)
Dirección: Eliane Brum

Amazonia libre: para superar la crisis climática, el presidente colombiano defiende la selva sin petróleo y que sea tratada «como algo sagrado» desde el punto de vista ambiental. Foto: Enrico Marone/Greenpeace

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